9 mar. 2013

Metaforeando para cambiar



Algunos profesionales utilizan las metáforas en procesos de cambio para abrir opciones, dar respuestas y conseguir el efecto apropiado. Normalmente, hacen uso de metáforas creadas para asuntos universales pero lo ideal es hacerlas a medida, el beneficio es mayor: se adecua perfectamente al cliente y su situación.

¿Cómo hacer una metáfora ad hoc?
  1. La base principal es cambiar el contenido: se sustituyen los personajes por otros o por animales, plantas…,
  2.  Y la estructura se mantiene en esencia de manera similar si se busca entender mejor que sucede,
  3.  O se puede realizar alguna variación en esta estructura que de alguna pista, que abra posibilidades para llevar a cabo.
Aquí va un ejemplo que más allá de ser universal, tiene dueño. Pretende ayudar a entender un suceso, eliminar el dolor causado y abrir la idea de que hay opciones. Ahí va la historia:

Tulipán viseroij en Turquía se consideraba una flor sagrada

Miguel  convenció a Aurora para adquirir unos bulbos de tulipanes, eran de una variedad especial, poco común, sabía que sólo unos pocos podrían apreciar su belleza. Le gustaba diferenciarse del resto por esos pequeños detalles.
Era un hombre muy ocupado y rápidamente calculó el tiempo que le dedicaría, las condiciones necesarias para que funcionara: tipo de arena, proporciones,…y dejó claro cual sería su compromiso. Lo cierto es que dedicó mucho más de lo que comentó.

Ella viendo el mimo, cuidado y arte que Miguel ponía pensó que debía ser algo grandioso, estaba fascinada y eso hizo que acabara involucrándose. Estaba disfrutando mucho, empezó a leer sobre plantas y se dio cuenta de que lo que tenía entre manos, era más bello de lo había podido imaginar. Sentía que era un gran regalo todo ese aprendizaje.

Pero llegó el día en que Miguel cumplió su aviso, ya no disponía de tiempo y dejó de regar de la misma manera y de contarle historias fascinantes sobre tulipanes. Aún así, como estaba comprometido de cuando en cuando llenaba un vaso de agua a toda prisa y lo volcaba sobre la maceta. Al principio, ella encontraba enternecedor ver su torpeza: como había derramado el agua por la mesa, como la tierra permanecía encharcada y el plato bajo el tiesto rebosante por no haber esperado a que la tierra absorbiera poco a poco el líquido. No pasaba nada, Aurora lo recomponía rápidamente. Le seguía quedando la ilusión de pensar en esos bellos tulipanes que habían comprado con tanto placer y de volver a recuperar las conversaciones con Miguel; se mantenía con la idea de conseguir algo aunque todavía no podía verlo.

Un día, Aurora se dio cuenta que sólo vivía de ilusión: no sabía si saldrían, ni cuándo, ni si era lo que esperaba... Entonces cambió algunas cosas: a propósito dejó de regarlos para ver si él lo notaba. Pero Miguel seguía muy ocupado y no lo notó, creyó que todo seguía igual, para él no se había cambiado nada, mantenía la imagen de los esperados tulipanes, para él ya eran un hecho.

Dejaron de cuidarlos, aun así hay semillas muy fuertes y salen a pesar de las condiciones. Sino ponen remedio, ellos no verán ese bello suceso. Siempre queda la posibilidad de esperar a la siguiente temporada y decidir que hacer, la belleza potencial de esta flor sagrada para los turcos, sigue guardada en su interior. Los bulbos pueden plantarse todos los años para que florezcan.

25 feb. 2013

Embellece lo que haces


¿Qué vas a hacer para embellecer tu trabajo?


Después de ver este vídeo, no puedo dejar de pensar en toda esa gente que día a día pone una nota de color, que da valor a lo que hace, le da el significado que necesita. Parecen de otra pasta, incluyen arte por donde pisan.
 
Y esto me recuerda, una conversación con un actor que estaba empezando a perder la ilusión por su trabajo, las circunstancias laborales le hacían cuestionarse si realmente merecía la pena seguir, si así se sentía actor y si  quería hacer bien su trabajo porque no se valoraba económicamente. Entre otras cosas, estaba poniendo su foco de atención en el valor que le daban los demás, en lugar de el que él le daba.
Era una pena replantearse dejarlo cuando de hecho tenía mucho camino recorrido y empezaba a notar qué cosas le gustaban, qué quería hacer de otra manera... Parece que estaba a un paso de  poder diferenciarse y hacer suya esta profesión. Así que, empezamos a hablar de por qué no convertirse en su mejor versión. Seguir activándose, practicando, probando algunos cambios que su experiencia le decía que debía hacer.
¿Por qué no plantearse una reconstrucción de lo que ya de hecho sabía hacer? ¿Por qué no darle un toque de quién era y quién quería llegar a ser? ¿Qué quería poner de él en lo que estaba haciendo?


Un gran ejemplo de embellecer lo tenemos en Paco Torreblanca. En una charla literaria comentaba que él era un profesional accidental, no vocacional, pero amaba su profesión y tiene claro que si hubiera tenido otra, lo hubiera hecho igual.


Algunas pista para conseguirlo:

Piensa en lo que tiene valor para ti, en qué quieres dar de ti, qué te gusta,...y súmalo

¿Cómo te gustaría vivir tu trabajo? 
¿Qué le puedes aportar a lo que haces que marque diferencia?
¿Cuál es tu esencia? Ponla.
Cuando pasen unos años ¿Cómo te gustaría recordarte y ser recordado profesionalmente?

Está en tu mano hacer algodón de azúcar o "flores de algodón de azúcar".